nuestros esfuerzos ambientales

Nos apasiona hacer cervezas con los sabores de nuestra tierra, y nos motiva la constante misión de mejora hacia generar la menor cantidad de desperdicios y contaminación posible. Queremos que Monstruo de Agua sea sinónimo de gozar los ecosistemas saludables de México, ya sea la montaña, el bosque, la playa o los ríos; y no de un relleno sanitario con residuos mal separados.

Los azares del destino y un bajo presupuesto nos llevaron a establecer nuestra micro-planta cervecera y laboratorio de propagación de levaduras dentro de una antigua casa en un predio de media hectárea que llamamos El Jardín del Axolote, dentro del Corredor Biológico Chichinautzin en la delegación Tlalpan.

En esta zona no hay red de agua potable por tubería así que toda el agua que llega lo hace en pipas o cae del cielo. Tampoco hay sistema de drenajes, así que uno debe manejar sus propias aguas residuales. A pesar de ser considerada una zona de conservación, es una realidad que la gran mayoría de los predios contienen monocultivos de cereales forrajeros con prácticas intensivas o bien pasto en el caso de las casas habitación. En cualquier caso, los monocultivos representan una destrucción absoluta del ecosistema nativo.

Establecernos en este espacio nos inspiró y empedró para encaminarnos al desarrollo de lo que hoy en día entendemos como un modelo de cervecería agroecológica. La idea es extender el concepto de cultivo regenerativo, que es la agroecología, al de un proceso de producción micro-industrial integral regenerativo.

La antigua casa en la que nos establecimos fue construida por el padre de uno de nosotros en los ochenta y realmente necesitaba mucho trabajo para albergar un proceso de producción cómodo y eficiente. En muchos sentidos, parecía más fácil y económico destruir y reconstruir a la medida, pero optamos por llevar a cabo una delicada adaptación que nos tomó 2 años.

Nuestra mayor inversión en la remodelación fue dirigida a enlosar y canalizar los techos de la casa hacia las dos cisternas preexistentes con capacidad conjunta de 80 mil litros, dando lugar a nuestro sistema de captación de agua de lluvia. La loseta representa un ahorro doble: por un lado, fungiendo como un impermeabilizante de muchísima mayor duración que las alternativas usuales; por otro, al ser una superficie fácil de mantener limpia reduce la carga sobre nuestro sistema de filtración traduciéndose en menos material filtrante usado por año.

Prácticamente todo nuestro equipo de cocción y fermentación está compuesto por tanques de acero inoxidable desechados que rehabilitamos con un ingeniero local para darles una segunda vida. Esto en contraste con la mayoría de las cervecerías que al hacer la transición de amateur a profesional compran equipo nuevo. De esta forma, mediante el reciclaje ahorramos al medioambiente la extracción de los recursos necesarios para hacer nuestro equipo.

Con la meta de lograr que al menos 90% de nuestro gasto en ingredientes se quede en el país, desde el 2019 empezamos a trabajar con un maltero de la Ciudad de México. En 2020, nos aliamos con un productor de cebada de Hidalgo con el cual estamos haciendo la transición a cebada criolla agroecológica.

Los ingredientes agroecológicos de origen mexicano representan más del 50% de nuestro gasto. Inclusive nosotros producimos algunos de ellos. Esto implica el empoderamiento de nuestros productores a través de la reinyección de recursos a la economía rural-nacional, además de una significativa reducción en nuestra huella de carbono al sustituir el uso de ingredientes importados por los locales.

La cebada criolla es una variedad no patentada que lleva siglos adaptándose al terruño mexicano y al cambio climático en general. Tiene un mucho menor requerimiento de agua que las variedades modificadas y permite evitar el uso de pesticidas y fertilizantes químicos. Además produce una alta cantidad de materia orgánica la cual regresa a la tierra en forma de abono.

Al no contar con drenajes, tratamos las aguas residuales de la fábrica para garantizar que no contaminen ni afecten adversamente nuestro entorno. Por esto, limitamos nuestro uso de químicos a aquellos biodegradables en aguas y suelos. De igual forma, todos los residuos orgánicos sólidos de nuestro proceso son compostados in situ para convertirse en nutriente para las tierras del Jardín. Así, estamos regenerando la tierra del espacio en que nos desenvolvemos.

Nuestro centro de distribución se encuentra en la colonia Condesa en la Ciudad de México. Aprovechando que es una zona céntrica utilizamos como uno de nuestros principales métodos de entrega un servicio de bicicletas, por el cual nuestros clientes ya nos reconocen. De esta manera eficientamos tiempos, costos y emisiones. El resto de nuestra distribución se realiza mediante transporte terrestre en viajes consolidados.

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